Pieles rojas, un mal
reversible como acne en la cara
Se aproxima una
época crítica para todas aquellas mujeres a las que se les
suben los colores a
la menor oportunidad.
Y,
claro estas rojeces localizadas van ampliando su territorio según
pasan los años y no se toman las medidas oportunas para tenerlas bajo control
Las pieles sensibles y con cuperosis están relacionadas con la disminución del
umbral de tolerancia de la piel que reacciona de manera excesiva a los factores
habitualmente bien tolerados. Las pieles sensibles y con
cuperosis se caracterizan por rojeces localizadas principalmente en las
mejillas, pómulos, nariz, frente y mentón.
Primero
son difusas e intermitentes pero esta situación, desgraciadamente, evoluciona
si no se tratan y pueden volverse permanentes, entonces se convierten en
cuperosis. Según dermatólogos, el 56% de los
casos corresponden a personas con antecedentes familiares de cuperosis, por lo
que se podría asegurar que se trata de un problema hereditario.
Así mismo, una
cuperosis no controlada puede desencadenar en una rosácea, que se caracteriza
en que además de enrojecimiento aparecen granitos semejantes a los del acné en la cara,
por eso es recomendable controlarla para evitar, en primer lugar un problema
estético, y en segundo lugar otro dermatológico.
¿A qué se debe esta disminución del umbral de
tolerancia cutánea? Pues puede ser el resultado de desórdenes fisiológicos:
Alteración de la función barrera cutánea que normalmente protege la piel las
agresiones exteriores y contribuye al mantenimiento de su hidratación. Más
permeable y frágil, la piel se vuelve más sensible a
los elementos exteriores.
Factores capaces de activar las rojeces:
- Como ya ha quedado
claro, el entorno (frío, calor, sol, viento, variaciones de
temperaturas).
- Algunos estimulantes
como las especies, el alcohol, el café o el tabaco.
- La aplicación de
productos cosméticos no aptos para el tipo de piel o con componentes irritantes
(diméthylaminopropylamina, diméthylsulfoxido, peroxyde de benzoyle, aceites
esenciales).
- Determinados
medicamentos (corticoides y retinoides locales aplicados de manera
abusiva).
- Ciertas
intervenciones estéticas que llevan a un traumatismo cutáneo y dejan la
epidermis más frágil (láser abrasivo, lifting).
Cuidados diarios:
- Emplear siempre una
crema calmante, descongestiva que mejora la micro-circulación y tonifica la
pared de los pequeños vasos.
- Desde los primeros
rayos de sol, es imprescindible una fotoprotección de índice elevado y
perfectamente tolerada.
- Para esconder las
rojeces emplearemos un maquillaje cubriente, corrector de tono, asociado con un
stick verde para atenuar la rojez.
- Evitar el uso de
jabones para la cara, el agua del grifo con mucha cal así como las lociones con
alcohol y las exfoliaciones. Es recomendable el uso de un pan limpiador, de una
leche sin aclarado y de un agua termal, como de una mascarilla calmante e
hidratante.
Y solo usando cotidianamente los productos
formulados específicamente para controlar, aliviar, mejorar y disminuir el
proceso, serás capaz de controlar la piel roja y sus desagradables efectos.
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